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Traducir literatura. Mediación y cultura*

Cultura de origen y mediación


La traducción literaria no es un proceso puramente lingüístico. Como traductores y traductoras de textos literarios el contexto cultural, social, político e histórico que rodea al libro es imprescindible para poder ofrecer una traducción adecuada. Cuando nos llega un proyecto de traducción, además de las varias y profundizadas lecturas que se deben realizar del texto, aprender sobre el momento histórico en el que se publicó la obra nos puede ayudar a comprender mejor el mensaje de la misma. Asimismo, como traductores, el conocimiento de la situación lingüística del país de origen también puede aportar una perspectiva mucho más analítica del texto en lengua original que puede resolver muchas dudas durante el proceso de traducción. Además, investigar y estudiar la bibliografía del autor o de la autora, si existen estudios críticos sobre esta y sumergirse en su obra literaria, ayuda a empaparse de la mente del autor o autora que se debe traducir y, por lo tanto, a convertirse en las manos y en la mente que producirán su texto en otra lengua y para otra cultura.



El proceso de traducción de una obra literaria se convierte en una actividad de mediación cultural al trasladar un mensaje no solo de una lengua sino de una cultura diversa a otra. El conocimiento cultural, histórico, social y literario que el autor o la autora plasman en el texto de origen debe ser mediado para el público del texto en lengua meta. Se debe partir siempre del presupuesto de que la traducción debe provocar en el lector del texto traducido una reacción similar a la que produce en el lector de la lengua original el texto original. Para ello es necesario entender esta reacción mediante la investigación en la cultura de origen de todo aquello concerniente al contexto cultural, y además el uso de técnicas de adaptación no demasiado invasivas que den como resultado una traducción fiel a su autor o autora, pero adecuada al público lector de la lengua y de la cultura metas.


La traducción como instrumento de poder


La traducción literaria no es solo imprescindible como elemento de comunicación global entre dos culturas y lenguas diversas, es también un instrumento de poder. A lo largo de la historia, son conocidos los episodios de quemas de libros o las redacciones de listas de libros prohibidos, dependiendo de la época, pero también ha habido censuras enmascaradas. La Santa Inquisición publicaba abiertamente sus prohibiciones literarias y llevaba a cabo sus torturas a la vista de todos. Sin embargo, ha habido en siglos más recientes manipulaciones literarias mucho menos obvias y que, además, han incluido el uso de la traducción. El uso de la traducción literaria como instrumento de poder y de propaganda ha sido estudiado en varias ocasiones (por ejemplo, en el volumen de A. Léfèvre, Translation, rewriting and the manipulation of Literary Fame) para concluir que en la historia más reciente regímenes totalitarios usaban la traducción para ensalzar o destruir la fama de escritores, en base a la ideología de estos. Es decir, si el escritor era partidario del régimen, era ensalzado; si por el contrario, sus ideas se proclamaban contra el régimen, su literatura se traducía tergiversando su mensaje o directamente convirtiéndolo en un autor ilegible para que el público-lector no pudiera desarrollar ni un mínimo interés por su obra.


En estos episodios históricos, el traductor se convertía en censor y manipulador. Traducir una obra literaria conlleva una gran responsabilidad moral y ética, es decir, aunque las ideas del autor o autora no casen con las del traductor o la traductora, estos últimos no pueden intervenir en el texto para adaptarlo a una versión más acorde a sus ideologías. Por ejemplo, si en el siguiente pasaje de una obra de Alda Merini, las traducciones son manipuladas de la siguiente manera:





«Pare che per i dementi il sesso sia una cosa proibita, che sia una specie di allucinazione patogena». (Alda Merini, Delirio Amoroso)


*«Parece que para los dementes el amor esté prohibido, como si se tratara de una especie de alucinación patógena».


*«Parece que el sexo para los dementes es pecado, como si fuera una alucinación patógena».


La versión final en la traducción (sin intervenciones manipulativas del texto original) es: «Parece que para los dementes el sexo esté prohibido, como si fuera una especie de alucinación patógena»




El traductor o la traductora no solo no están siendo invisibles, sino que están imponiendo sus ideas y siendo infieles a la escritora. Este tipo de traducciones eran una práctica común en el pasado. Hoy en día, el oficio del traductor o de la traductora conlleva, como mencionaba, una responsabilidad y estos se comprometen en una especie de juramento 'hipocrático' lingüístico para respetar al autor a la vez que ofrecen al público lector la mejor versión del original.



* Artículo de la Videoconferencia: Tradurre letteratura. Mediazione e cultura del 30 de noviembre de 2020 para la EOI Plasencia.


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